no encontré al niño-niña para contarle. Porque era el único que se me ocurría podría escucharme y, puede que me llamase estúpida, pero eso daría lo mismo si al menos tuviera alguien que pudiera saberlo.
El gran punto de todo esto es:
"Puede ser que no deje de extrañarlo, o de quererlo mil veces, o deje de desearlo como lo hago, dios mío, pero al final todo esto no cambia (ni cambiará) nada. Ni esa mirada de ojos desquiciantes que parecen tener rayos X, y que brillan en la oscuridad de todos los recuerdos y certezas que maldigo; ni esa incipiente barba de idiota que me provoca lanzarme de un tercer piso. Y menos cambiará el hecho de que me enloquece, aún, pensar en esos ojos, en esa boca y en ese maldito, pero muy desesperadamente maldito, cuerpo abrazable de todas las maneras posibles e imposibles. Y supongo que es por eso que me muero, y me moriría mil veces, por ser al menos uno de sus pesares o al menos sería sicopátamente feliz si me dignara a aparecer en alguno de sus sueños sólo para torturarlo y poder vengar que él se aparezca en los míos de diez y más formas. En sueños de todo tipo, en sueños que a veces son pesadillas y en sueños... que no quisiera que fueran sueños."
Ahora que lo pienso... Mejor que el niño-niña no sepa.
viernes, 4 de abril de 2008
domingo, 30 de marzo de 2008
Qué-qué-qué quieres
Un mundo más fácil.
Azares menos dolorosos.
Palabras menos difíciles de pronunciar.
Canciones menos tristes.
Gritos más callados.
Silencios menos abrumadores.
Lágrimas que no sean desperdicios.
Penas menos agotadoras.
Hombres que no sean niños.
Azares menos dolorosos.
Palabras menos difíciles de pronunciar.
Canciones menos tristes.
Gritos más callados.
Silencios menos abrumadores.
Lágrimas que no sean desperdicios.
Penas menos agotadoras.
Hombres que no sean niños.
domingo, 9 de marzo de 2008
(Coti Sorokin)
Tengo una guitarra en el hombro,
una montaña de asombro,
una ceniza en la voz.
Tengo dos canciones firmadas,
una está envenenada y la otra quiere amor.
Guardo un recoveco en el alma
que recuerda tu cara
como nadie la vio.
Rio, lloro y paso de todo por el bien de los dos.
Vivo en un jardín sin malvones,
un zaguán sin salones,
tu amistad quinto C.
Pido que me olvide tu olvido
pero ya es bien sabido
no lo va a conceder.
Ando como siemptre vagando
por algún escenario
y no lo vas a creer.
Supe que mentías
y todo por el bien de los dos.
Y otra vez seremos dos extraños.
Otra vez volveré a hacernos daño.
Otra vez estoy en el fondo del dolor.
Otra vez, tu y yo, por el bien de los dos.
Tengo un rincón en la cama que ya no entiende nada
y me pregunta por vos.
Tengo una mitad que se queja
y otra que no me deja escapar del dolor.
Tengo una tremenda ceguera
y no va a ser la primera vez que vuelvo a empezar
porque ya no estás a mi lado
por el bien de los dos.
una montaña de asombro,
una ceniza en la voz.
Tengo dos canciones firmadas,
una está envenenada y la otra quiere amor.
Guardo un recoveco en el alma
que recuerda tu cara
como nadie la vio.
Rio, lloro y paso de todo por el bien de los dos.
Vivo en un jardín sin malvones,
un zaguán sin salones,
tu amistad quinto C.
Pido que me olvide tu olvido
pero ya es bien sabido
no lo va a conceder.
Ando como siemptre vagando
por algún escenario
y no lo vas a creer.
Supe que mentías
y todo por el bien de los dos.
Y otra vez seremos dos extraños.
Otra vez volveré a hacernos daño.
Otra vez estoy en el fondo del dolor.
Otra vez, tu y yo, por el bien de los dos.
Tengo un rincón en la cama que ya no entiende nada
y me pregunta por vos.
Tengo una mitad que se queja
y otra que no me deja escapar del dolor.
Tengo una tremenda ceguera
y no va a ser la primera vez que vuelvo a empezar
porque ya no estás a mi lado
por el bien de los dos.
jueves, 6 de marzo de 2008
El Eterno Desconocido
Todos hemos tenido un eterno desconocido. Este tipo raro que no tiene fósforos o un reloj, que se te acerca campante y que nunca hubieras tomado en cuenta si no te hubiera acosado en la calle para pedirte una limosna en palabras o un poco de brasa para encender su propio cigarro. Y en ese preciso momento en que se te ocurre mirarlo y darle lo que pide mecánicamente, dices algo incoherente y ridículo, pero relacionado con el tema, no porque sea especialmente guapo, sino porque estabas pensando en otra cosa o hablando con tu amigo imaginario. El punto es que él termina mirándote con cara de incomprensión y luego de encender su cigarro o saber que iba tarde porque eran las 12:46, te da las gracias y se marcha, como si nunca hubiera dicho nada. Y tú te preguntas si podrías haber hecho algo más por él, aunque fuera un desconocido. O, inconcientemente te preguntas si podría haber hecho él algo por ti, pero sigues caminando entre la gente y al final terminas olvidando el incidente absolutamente minúsculo, porque sólo es un desconocido. Y nadie recuerda a los eternos desconocidos.
miércoles, 5 de marzo de 2008
But here's the truth about the truth. It hurts. So we lie.
Es tan, pero tan tan tan absolutamente cierta esa frase que estoy segura que la había escuchado antes a la pasada y que incluso entonces me había parecido importante recalcarla. Y eso que en esa época no veía Grey's Anatomy y no sé -no me acuerdo- si tenía alguna buena razón para atreverme a decirla. Y ahora tampoco estoy segura.
Siempre nos mentimos. A nuestros padres, amigos, a la gente que queremos pero especialmente a nosotros mismos. Y esa es la peor parte de todas esas pequeñas y ridículas mentiras porque no existe pero mentira que la que te haces internamente. ¿A quién tratas de engañar? No cuesta tan poco, no sana tan rápido, no vas a dejar de extrañarlo así. No vas a recuperarlo, tampoco. Deberías dejar de mentirte y reaccionar. Sólo resignarte, pero no, no lo haces. ¿Por qué? Porque dejar de mentirse cuesta tanto como curar la herida, es por eso que mentimos. Para no hacernos daño, para no abrir más la costra que recién ha sanado.
¿A quién tratas de engañar? Vas a seguir mintiendo.
Siempre nos mentimos. A nuestros padres, amigos, a la gente que queremos pero especialmente a nosotros mismos. Y esa es la peor parte de todas esas pequeñas y ridículas mentiras porque no existe pero mentira que la que te haces internamente. ¿A quién tratas de engañar? No cuesta tan poco, no sana tan rápido, no vas a dejar de extrañarlo así. No vas a recuperarlo, tampoco. Deberías dejar de mentirte y reaccionar. Sólo resignarte, pero no, no lo haces. ¿Por qué? Porque dejar de mentirse cuesta tanto como curar la herida, es por eso que mentimos. Para no hacernos daño, para no abrir más la costra que recién ha sanado.
¿A quién tratas de engañar? Vas a seguir mintiendo.
viernes, 29 de febrero de 2008
Paper dreams down the toilet*
El amor es como una enfermedad sin tratamiento. Ni siquiera te pueden dar dosis de anestesia para quitar el dolor. Recuerdo haber hecho una llamada llorando y pataleando en contra del maldito dolor y de por qué no existía algo que lo detuviera, o al menos que lo disminuyera. Y la respuesta que me dieron fue la más coherente que he oído. "Lo hay" me dijo "Es el tiempo". Aunque no quita el dolor hace que cada día sea más ligero, y la resignación sumada a las cosas que hacer terminan llenando de polvo todos esos vacíos que sientes.
El gran problema es que no quiero que pase eso. Supongo que ya va siendo hora de decir la verdad, aunque son palabras que jamás serán leídas por la persona indicada, o quizás cuando lo haga ya sea demasiado tarde. No quiero que el tiempo lo empolve todo. Los recuerdos que tengo son tan gratos que es imposible pensar en deshacerse de ellos y no puedo creer que nunca le confesé que con él era la primera persona que valía la pena estar. Lamento no haberlo hecho, me sentiría más tranquila. Me siento como en un limbo de incertidumbre interior. Y no sé de dónde sacó alguien que la incertidumbre tenía su belleza porque no existe hermosura en un sentimiento tan doloroso.
Ahora me siento tan tonta. Tan, tan absolutamente expuesta. Haber entregado mi corazón, haberme vuelto a enamorar, haber vuelto a pensar en proyectarme con alguien, como cualquier ridícula que siente amor.
Da lo mismo la incoherencia de todo esto. Me siento como si me hubieran operado a corazón abierto y sin anestesia (como en Grey's Anatomy).
El gran problema es que no quiero que pase eso. Supongo que ya va siendo hora de decir la verdad, aunque son palabras que jamás serán leídas por la persona indicada, o quizás cuando lo haga ya sea demasiado tarde. No quiero que el tiempo lo empolve todo. Los recuerdos que tengo son tan gratos que es imposible pensar en deshacerse de ellos y no puedo creer que nunca le confesé que con él era la primera persona que valía la pena estar. Lamento no haberlo hecho, me sentiría más tranquila. Me siento como en un limbo de incertidumbre interior. Y no sé de dónde sacó alguien que la incertidumbre tenía su belleza porque no existe hermosura en un sentimiento tan doloroso.
Ahora me siento tan tonta. Tan, tan absolutamente expuesta. Haber entregado mi corazón, haberme vuelto a enamorar, haber vuelto a pensar en proyectarme con alguien, como cualquier ridícula que siente amor.
Da lo mismo la incoherencia de todo esto. Me siento como si me hubieran operado a corazón abierto y sin anestesia (como en Grey's Anatomy).
viernes, 15 de febrero de 2008
Debe haber una razón específica para que la gente se enamore. Algo que explique por qué siempre terminamos en el mismo estado, en la misma cámara de gas rosado. Quizás es una necesidad pura del ser humano, el querer que alguien acompañe cada paso. O tener un hombro sobre el cual descansar cuando tienes sueño o llorar cuando tienes pena. Pero ¿por qué?... Si muchas veces nos metimos en una casa de mil espejos que no sabemos tiene un asesino oculto. Y cuando salimos, libres de la muerte pero con miles de cicatrizes cruzandonos el pecho, cual actor de película gringa, volvemos a meternos tras esa puerta y pagamos un precio de mil pesos por un corazón destrozado y una cicatriz eterna... Otra vez. Yo tengo una teoría.
Nos gusta enamorarnos y sentir que nos aman de vuelta. Amámos sentirnos importantes para alguien, sentir que el corazón se nos quema si nos miran, si nos escuchan, y cuando digo quemar no me refiero a algo lujurioso. Nos gusta mirar en los ojos de alguien y vernos en un futuro. Y ¿por qué? Porque la gran razón por la que nos gusta enamorarnos de alguien y no de algo es porque podemos proyectarnos. Evidentemente ni un maniquí -literalmente- ni una escoba puede darte la casa en la pradera y el perro similar a Lassie pero principalmente... Una escoba... No puede enamorarse de ti.
Nos gusta enamorarnos y sentir que nos aman de vuelta. Amámos sentirnos importantes para alguien, sentir que el corazón se nos quema si nos miran, si nos escuchan, y cuando digo quemar no me refiero a algo lujurioso. Nos gusta mirar en los ojos de alguien y vernos en un futuro. Y ¿por qué? Porque la gran razón por la que nos gusta enamorarnos de alguien y no de algo es porque podemos proyectarnos. Evidentemente ni un maniquí -literalmente- ni una escoba puede darte la casa en la pradera y el perro similar a Lassie pero principalmente... Una escoba... No puede enamorarse de ti.
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